sábado, mayo 20, 2006

arteBA artePUAJ

Te vestiré como yo para salir por París. Está decidido: ¡no me suicido!
¡Lanzo una nueva moda: llevaré una rata sobre el hombro!
Veo por tu actitud que no sos frívolo como yo.
Pertenecés a una generación diferente.
¿Querés seguir una carrera tal vez?
He guardado algo de dinero para este fin.
¿Pero qué carrera? ¿Tenés aptitudes de orden artístico?
¿Sabés lo que es el arte, al menos? ¿Te agradan los objetos bellos?
Te presentaré en la ciudad como un artista joven
que acaba de llegar de un país exótico.
¡Goliatha! Máteme algunos visones y dos faisanes;
¡esta tarde salgo a la ciudad!
(Diálogo de L. con la rata, Le frigo, de Copi)

El jueves 18 a la noche estuve en arteBA, la hoguera de las vanidades plásticas de algunos porteños, autodenominada Feria de Arte Contemporáneo. Que ya lo dice todo con eso: una feria. Y funciona como tal: las hortalizas más lindas se exhiben, las que no tanto se ponen atrás, y todo está a la venta. Que la cosa aquí no es saborear ni disfrutar: es mostrar billete. Comprar, y mucho. Pero no necesariamente bueno, porque aquí sólo llega al consumidor –como en toda feria– lo que permite el feriante: aunque un productor ofrezca las naranjas más sabrosas, si no es amigo del dueño de un puesto en la feria, jamás logrará que la gente las saboree. Lógicamente, el dueño del puesto hará creer a sus clientes que las mejores naranjas son la que él comercializa, porque mintiendo así se asegura las ventas. Con lo que, a su vez, estos puesteros, feriantes, marchands o galeristas ganan un nuevo espacio que, en la mayoría de los casos, no merecen: el de establecer los criterios de lo que es bueno del arte actual. Así ofrecen un salpicón en el que mezclan a artistas realmente buenos e incluso geniales (que los hay, por supuesto, pero no por obra ni gracia de arteBA) con los que vienen siendo “promesa” desde hace años pero nunca agarran ni un lápiz en serio, posmodernos pasados de moda (y de rosca), figuritas repetidas, ladrones y, por sobre todo, amigos, muchos amigos. Porque arteBA también es la fiesta de la amistad, amistad de artistas con curadores y galeristas, y de galeristas con curadores, y de no pocos periodistas (gremio indefectiblemente presente donde hay miserias) que cantarán loas a las bondades de arteBA, bondades que jamás conocerán los que no accedan a ser amigos.
Al respecto, es imperdible la nota de Loreley Gaffoglio en La Nación sobre la apertura de arteBA (www.lanacion.com.ar/807288), titulada “Brillante apertura de la gran feria del arte”, en la que habla con más detalle de los poderosos sponsors y los políticos presentes en la apertura de arteBA 2006 que de los artistas. ¡Esa chica sí que tiene amigos! O, al menos, hace lo posible por tenerlos.
No es casual el año del nacimiento de arteBA: 1991, inicio de la dorada, corrupta y miserable era menemista. Convertibilidad, libertad de mercados, globalización, estandarización. Claro que todo esto no me permite negar que ha servido para difundir el arte argentino a nivel internacional (a través de las ventas, claro; ¿de qué otro modo?), pero del mismo modo he visto una rosa flotando en el Riachuelo, lo que no hace del Riachuelo algo digno.
Y a esa era menemista sigue perteneciendo la fauna que circula por arteBA, seres que me dan asco porque andan por la vida ostentando su satisfacción comprada en cuotas (si la compraron en efectivo, me da lo mismo), y ahí la saca a relucir: es un espacio lleno de sonrisas plásticas, falsas, de dientes también comprados; parecen escapados de Rompecabezas, de Jorge de la Vega, obra de la que seguramente querrían poseer un panel, pero jamás entenderían que ellos mismos son el objeto de la burla deforme del pintor. También me da asco el olor a excesivo maquillaje y perfumes importados de los que abusan por igual hombres y mujeres que asisten a arteBA, que se mezcla con el de pieles recién sacadas de la cámara. Incluso me apena ver a algunos artistas que se sienten eufóricos durante esas jornadas y adoptan pose de ricos y famosos, quizás para complacer a sus potenciales compradores, quizás por deseo de pertenencia.
Por todo esto, el jueves a la noche volví a hacerme un festín en la apertura de arteBA. Que es lo que se puede hacer ahí, porque de arte, poco y nada: la ley de oferta y demanda obliga a que se exhiba lo que el público prefiere. Es indudable que, si alguien hizo otra cosa, deberá mostrarla en otro espacio, porque ahí se va a complacer al cliente. Y si algo caracteriza a la gran mayoría de los compradores de arte es que son acumuladores y consumistas, explotadores, empleadores en negro, favorecedores del crecimiento de la brecha entre ellos y los pobres, vaciadores de empresas, especuladores, evasores de impuestos, generadores de desocupación, promotores del desamparo social de los trabajadores, por lo que nadie se deberá atrever a mostrar una obra con siquiera atisbos de crítica social. Crítica que sí le permiten a Berni, sin dudas porque se espera que en poco tiempo más la cotización de sus obras logre una fuerte alza (que ha tardado tanto en alcanzar buenos precios por mostrar a gentuza como Juanito Laguna o Ramona Montiel en lugar de dedicarse a lo no figurativo, o los paisajes surrealistas, o tantas cosas lindas que hay en el mundo que no son la pobreza, porque si hay algo que los garcas no toleran es a los mismos que ellos producen cada vez en mayores cantidades: pobres).
En medio de tanta jactancia, apareció la rosa: la galería Dharma eligió presentar a un solo artista, y un artista diciendo mucho: Julio Alan Lepez (www.julioalanlepez.com.ar), que por lejos se destaca no sólo por escapar al chato patrón exhibido por el resto, sino indudablemente por mérito propio. Su obra Panorama de la plástica, presente en arteBA, es una declaración casi subversiva en ese antro de estandarización complaciente.


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Llevaba casi tres semanas que sin agregar nada en mi blog… ¿Se supone que uno escribe a diario en estas cosas? No, paren la mano: no vamos a imponer aquí también un deber moral.

4 Comments:

At domingo, mayo 28, 2006 7:53:00 p. m., Anonymous Anónimo said...

Tuve que leer dos veces tu pequeño artículo acerca de ArteBA ya que es tan rico en ideas y metáforas que no quise hacerle una lectura simple y al pasar como solemos hacer en la "net. Debo decirte que sin conocer este espacio cultural pude recrear en mi mente toda la situación que viviste allí ya que tus palabras seducen y atrapan.
Maravilloso tu relato.

 
At sábado, julio 01, 2006 5:44:00 p. m., Anonymous Anónimo said...

me has dado mucho más en qué pensar... algunas sospechas parecen ser algo más que simples sospechas... y esto me resulta importante ya que tal vez en un futuro me desempeñe como artista plástica... ya veremos, cualquier cosa puede pasar, todavía tengo 16.

 
At martes, julio 04, 2006 12:02:00 a. m., Anonymous Anónimo said...

Que decir de arteBA?: el hallazgo de Lucho es muy bueno. Deberíamos confiar en nuestro amigo Bordegaray (lindo nombre para un marchand!) y sin más instalar una galería. Yo, al menos, quiero verme caminando en el 2007 por esta paquetísma feria con regias telas en mis hombros y oliendo a exóticos perfumes.
Saludos.
Mauricio.

 
At lunes, febrero 05, 2007 11:51:00 p. m., Anonymous Anónimo said...

Todo un relato y comentario típico de resentido, del tipo frustrado y amargado que no se aguanta ni a sí mismo y que lo único que puede aportar es su mirada ruin y desencantada sobre las cosas y los demas. La verdad que contestarte es ponerse a tu altura. Asi que dejo acá.

 

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